La muerte de un niño: la prueba pericial confirma la versión de los policías

Publicado el: 10 marzo, 2018

Por Sergio Silva Velázquez– El resultado del examen dermotest dio positivo. El primer paso de la fiscal Adriana Giannoni para confirmar la primer versión del hecho-la que entregaron los policías-se dio con este resultado.  El niño que murió de un disparo en la cabeza la madrugada del jueves durante una confusa persecución habría abierto fuego contra los policías. El relato de los efectivos indica que ellos repelieron un ataque previo y en eso ahora se concentra la investigación compleja iniciada por Giannoni.

La persecución se dio, siempre según la primer versión, cuando los sospechosos dispararon en Pasaje Río de Janeiro y Francia.

Facundo Burgos, de 11 años murió de un disparo en la nuca mientras iba en una motocicleta que era conducida por otro menor: su cuerpo quedó caído hacia adelante y el resto de la evidencia que surge del cuadro-sangre y material genético de la víctima que se ve en una escalofriante fotografía-ayuda a los investigadores a realizar una reconstrucción de la secuencia posible del hecho. En la imagen  se ve a un nene vestido como si fuera a ir a jugar a la pelota. Lleva remerita azul, pantalón negro con tiras blancas, medias azules de fútbol y zapatillas negras.

La versión de la familia del niño-construida a partir de comentarios-y la incorporada por el abogado Juan Benedicto, quien representa al menor de 14 años que acompañaba a Burgos sufrieron un primer revés que podría convertirlas en insostenibles a partir de la evidencia científica del dermotest. El letrado llegó a sugerir que los menores eran ajenos a cualquier situación delictiva y que se «toparon» con un tiroteo. Insinuó que habían intentado cargar nafta en una estación de servicios del Parque 9 de Julio poco antes. La familia del niño muerto negó cualquier vinculación con el delito: lo describe como «alguien deportista que había ido a ver picadas». Tanto una como otra versión empiezan a perder fuerza ante la primer contundencia de un resultado obtenido de los peritos.  Otro dato de la realidad tampoco ayuda a la versión entregada por el abogado Benedicto: J.A., el niño de 14 años tiene antecedentes por hechos vinculados con asaltos con la modalidad del motoarrebato. Estuvo, como si esto fuera poco, vinculado en el crimen del efectivo Leandro Meyer , más allá de llevar el apellido de uno de los delincuentes más peligrosos de los últimos 20 años. Como era de suponerse, el dermotest practicado al adolescente también resultó positivo.

La fiscal también siguió recogiendo evidencia a partir de otro elemento importante. Una imagen de las cámaras de seguridad que apuntala la versión de los policías y el testimonio de tres testigos-un cuidacoches, un taxista y un transeúnte-que también avalan lo manifestado por los efectivos que participaron del hecho. Esa es la pesquisa que tendrá resultados en el expediente. Las otras evidencias serán incorporadas por los pesquisas en breve, de acuerdo a lo que esperan en Tribunales sobre una línea de investigación que habla de un posible grupo delictivo.

Horas después del hecho la familia Burgos, nos había dado su propio veredicto a la hora de nuestra incursión en un escenario conmovido: en la casa de Facundo había mujeres llorando, jóvenes y niños paralizados y con la mirada perdida por lo que había pasado. «Lo asesinaron…lo ejecutaron», decía una madre que no podía interpretar más allá de la muerte de su hijo. «Nunca tuvo problemas con nadie, fue a ver una picada…quería divertirse». Los testimonios obtenidos por quien esto escribe, son crudos y hablan de una realidad que trasciende un caso policial. Discriminación, indigencia y el común denominador de vivir al borde de todo, pese a que se trate de un barrio ubicado en San Miguel de Tucumán.  La visión del lugar entrega la postal de la marginalidad y de un tejido en descomposición que se siente escindido del resto de la sociedad.

Desde el inicio, en la fiscalía supieron que este iba a ser un caso distinto a todos: ninguna evidencia puede llegar a ser contrastada con la brutalidad de la imagen de un niño que yace inerte en la calle sobre una mancha de sangre.

 

 

 

 

 

 

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