Detectan cocaína escondida en frutas y crece la alarma por métodos “invisibles”

Publicado el: 11 abril, 2026

Un preocupante avance del narcotráfico quedó al descubierto en el norte de Tucumán, donde Gendarmería Nacional detectó droga oculta en cargamentos legales de frutas y hortalizas, en una maniobra conocida como “contaminación”, utilizada por organizaciones criminales para infiltrar la cocaína en circuitos comerciales, con destino a distintas provincias del país.

Según datos oficiales, desde octubre hasta la actualidad se secuestraron más de 580 kilos de cocaína, ocultos en productos como bananas (507 kg), berenjenas (30 kg) y limones (52 kg), además de 100 kilos de marihuana en el último operativo. Los envíos partían desde zonas cercanas a Orán y tenían como destino final San Juan y Buenos Aires, utilizando rutas comerciales habituales para evitar controles.

Los investigadores advierten que el fenómeno no es nuevo, pero sí su nivel de complejidad y crecimiento, lo que genera preocupación en las fuerzas de seguridad. Un antecedente clave fue el operativo “Zapallo duro” en marzo de 2024, donde se incautaron 861 kilos de cocaína escondidos en un cargamento de zapallos.

En el caso reciente de los limones, se trata de una modalidad inédita en Argentina, aunque ya se había detectado en el exterior. En Italia (2017) y en España (2019 y 2021) se hallaron cargamentos similares, incluso con marcas en las cajas para identificar la droga.

El método utilizado, conocido como “contaminación”, consiste en introducir la droga en la carga durante el trayecto o incluso en los puertos, sin alterar la mercadería legal, lo que dificulta su detección. A pesar de los secuestros, fuentes judiciales reconocen que aún no se logró desarticular las redes criminales detrás de estas maniobras.

Además, especialistas vinculan esta creciente sofisticación con la posible influencia de cárteles mexicanos, como Sinaloa o Jalisco Nueva Generación, conocidos por innovar en el tráfico de drogas a nivel internacional.

A este escenario se suman otros casos recientes, como el secuestro en Buenos Aires de 1.500 kilos de alimento para perros impregnado con cocaína, lo que confirma una tendencia hacia métodos cada vez más complejos y difíciles de detectar.

El avance de estas prácticas representa un desafío creciente para la Justicia y las fuerzas de seguridad, que deben enfrentar organizaciones capaces de infiltrarse en cadenas logísticas legales, convirtiendo productos cotidianos en vehículos para el tráfico de drogas.

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