El microcentro de San Miguel de Tucumán, que cuenta con 2.480 locales comerciales distribuidos en 124 cuadras, atraviesa un fuerte proceso de cambio en 2025 marcado por la caída del consumo, el aumento de costos y el avance de las ventas digitales, lo que llevó a muchos negocios a cerrar, mudarse o reducir su tamaño, no necesariamente por quiebras masivas sino por una reconversión del modelo comercial.
En distintas calles del centro ya es común ver locales vacíos y carteles de alquiler. Sin embargo, desde la Federación Económica de Tucumán explican que entre el 4% y el 5% de los locales se desocupan cada mes, pero el 70% de esos casos no implica que el comerciante haya dado de baja su actividad. Muchos se trasladan a zonas más económicas, reducen metros cuadrados o migran a showrooms y ventas online.
El impacto de la baja del consumo es uno de los principales factores. Las ventas minoristas registran caídas interanuales y el rubro indumentaria es de los más golpeados. En verano, la estacionalidad agrava la situación con descensos que pueden llegar al 30% o 40%. El poder adquisitivo debilitado y el acceso limitado al crédito, con tasas altas en tarjetas, restringen aún más las compras.
Las historias de comerciantes muestran distintos escenarios. Cynthia Rodríguez, dueña de “Dasani Moda”, cerró dos de sus cinco locales tras 13 años por la caída en ventas, el aumento de costos, la presión impositiva —que estima supera el 30% del precio final— y la competencia informal. En cambio, Luisina Neme decidió cerrar su local de vestidos tras 15 años, pero como parte de un cambio de estrategia, ya que asegura que fue su mejor temporada y busca expandirse hacia nuevos formatos. Patricio Velles, de la sastrería “Vértice”, continúa trabajando pese a lo que define como una crisis profunda, marcada por impuestos elevados y apertura de importaciones.
La informalidad, que se estima supera el 60% en la provincia, también influye en el escenario. Muchos comercios formales señalan que compiten en desigualdad con ferias y showrooms que operan con menores cargas. Al mismo tiempo, el comercio electrónico crece con fuerza, especialmente entre personas de 25 a 49 años, obligando a los negocios tradicionales a invertir en redes sociales, plataformas y logística.
Aunque el centro muestra menos vidrieras tradicionales, el fenómeno no es solo de cierre, sino de adaptación. Liquidaciones, promociones, reducción de costos y nuevas estrategias digitales forman parte de la rutina diaria. De cara a 2026, los comerciantes esperan una mejora en el consumo y posibles reformas que alivien la carga sobre las pymes.
Así, el centro tucumano vive una transformación silenciosa: menos expansión física y más reinvención. Muchos no abandonan el comercio; simplemente cambian de formato para poder sobrevivir.




